lunes, 2 de mayo de 2016

Entre carros y carretones




En relación con las labores de tala y poda que realizamos en la finca de la Font del Llop de Dalt de Castalla y que contaba en una historia anterior, me he puesto a recordar los medios de transporte con los que en aquella ocasión contábamos para el transporte de la leña: el carretón y el carro.


El carretón

Sus ruedas eran más pequeñas que las de un carro por lo que era más difícil que volcara. Carecía de cerramientos laterales pero en la parte trasera tenía un tablero al que llamábamos rabera.



En la parte de delante había dos listones inclinados, uno de cada lado, que se unían entre si en el extremo superior, formando un triángulo.




Sobre esta estructura se apoyaban algunas gavillas de leña verticales para aumentar la superficie de apoyo. El resto se disponían ya sobre la plataforma horizontalmente y la carga total se aseguraba con cuerdas gruesas.

En el extremo superior de la cruceta se ataba una maroma y se llevaba por encima de la leña hasta la rabera. Con la ayuda de dos belortas o billortas (piezas de madera curvadas) se iba tensando la cuerda sobre la carga. En la parte delantera se fijaban cuerdas con la ayuda de unas anillas metálicas que estaban insertadas en los dos lados de la cruceta y que permitían ejercer presión sobre los laterales de la carga.

Billortas expuestas en el museo etnográfico de Biar
El freno consistía en una manecilla sujeta a un sinfín, colocada en el lado izquierdo del carretón y que estaba unida a una palanca fina de hierro que se comunicaba con otra transversal ubicada en la parte posterior. 
Tartana expuesta en el museo etnográfico de Biar, con sistema de frenado con manivela

Distintas partes del freno de manivela
En esta barra había dos tacos de madera de higuera que eran los que, a un giro de la manecilla, actuaban sobre las ruedas frenándolas. La madera de este árbol es muy blanda y permitía la fricción sin dañarlas. Aun así, se protegían con trozos de neumático de camión clavados en la zona de contacto con la rueda.

Taco de frenado con pieza de neumático

El carro

 
 
 
Postal antigua de Biar en la que aparece un carro y la desaparecida fuente de la Torreta que servía de abrevadero
Los sistemas de frenado que encontrábamos en los carros eran:
  • Sistema de manivela y sinfín como el de los carretones.
Restos de carro con manivela y sinfín para manejar los frenos
  • El sistema de palanca: consistía en una palanca de hierro colocada en la parte trasera del carro, conectada a una cuerda que al mismo tiempo estaba atada en dos puntos de una barra transversal. Al igual que he descrito para el carretón, tenía dos tacos de madera que actuaban sobre las dos ruedas frenándolas. Las cuerdas, que salían de la parte baja de la talera (tabla de madera que cierra la caja del carro), se entrelazaban y se sujetaban mediante dos billortas. Éstas facilitaban el tensado y destensado de las cuerdas para aproximar o alejar la barra de freno a las ruedas.
Carro con freno de palanca trasera
Al estar la palanca ubicada en la parte trasera, el carretero antes de ponerse en marcha  hacía un primer ajuste de los tacos, según su propia experiencia le aconsejaba. En el caso de tener que modificar la intensidad del frenado durante algún tramo se veía obligado a parar ya que esta maniobra no le era posible hacerla en plena marcha.
  •  El sistema de galgas: Se sujetaban dos palos grandes o galgas,  generalmente de madera de chopo por su flexibilidad y ligereza, a cada uno de los lados del carro. De la parte delantera iban fijadas a la estructura del carro, normalmente con cadenas. En el extremo posterior, cada una iba sujeta con una cuerda enrollada varias veces a una palanca ubicada en el mismo lado. En este caso, también las billortas eran las piezas que permitían el movimiento de las piezas del freno con la ayuda de las cuerdas. Las dos galgas pasaban por debajo del cubo (pieza de las ruedas por cuyo centro pasa el eje de las mismas), muy próximas a él. Moviendo la palanca se conseguía frenar la rueda por el contacto entre ellas y los cubos. Como lubricante se usaba sebo animal. 
Cubo o cono de la rueda
Carro con freno de galgas
En recorridos de mucha pendiente había veces que se necesitaban dos carreteros para manejarlos. Ambos permanecían en la parte trasera moviendo cada uno de ellos una de las palancas pero trabajando de forma coordinada.

En el caso de que sólo hubiera uno, se fijaba una de las dos galgas por sus dos extremos y se maniobraba con la que quedaba libre, a modo de timón, moviendo simultáneamente la palanca y el extremo de la galga.

Este sistema de frenado era el más difícil de usar y sólo los carreteros más expertos los hacían con pericia.

Carro con galgasen la fuente del Plátano. Fuente: Blog Apiarum

Domenech, uno de los carreteros de Castalla que contratamos para el transporte de gavillas de leña, era propietario de un carro que contaba con este sistema de frenado y solía provocarnos a los jóvenes que trabajábamos en la finca diciéndonos que ninguno éramos capaces de manejar su carro.

En una ocasión hice una apuesta con él: "Me juego una cerveza  a que soy capaz de bajar el carro cargado sin volcarlo, hasta la casa de la Font del Llop de Baix ".

Lo anterior no era nada fácil de llevar a cabo ya que la carga del carro solía ser de unos 1.500 kilos de leña aproximadamente. A esto se le añadía que la casa de la Font del Llop de Dalt estaba a unos 500 o 600 metros de la otra finca (pese a la coincidencia en el nombre ambas casas tenían diferentes propietarios) y el trayecto de una casa a otra no sólo era muy empinado, sino que además tenía muchas curvas. Eso sin mencionar que era la primera vez que yo manejaba uno de estos carros.

(c) Instituto Cartográfico Valenciano

Aspecto actual del camino que comunica ambas fincas


La Font del Llop de Dalt


Casa de la Font del Llop de Baix
Aceptó mi desafío y contando con su permiso lancé el carro tirado por dos mulas cuesta abajo, eso sí, bajo su supervisión durante todo el recorrido. Primero fijé la galga izquierda y durante el trayecto maniobré con la de la derecha, como he explicado, a modo de timón de barca, de manera que mientras controlaba en todo momento el frenado de las ruedas también dirigía el carro hasta el destino marcado.
¡La cerveza me la cobré en Castalla!

Y ésta es otra de las anécdotas que recuerdo de aquel año y medio de trabajos en la Casa de la Font del Llop de Dalt y que me ha servido de excusa para hablar de los carros y carretones.




Ilustración de un libro antiguo que representa un carro frenando, con la ayuda
de dos personas. 

Desnivel del terreno entre ambas casas